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11 de agosto de 2012

Una tubería de altos vuelos

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Una tubería de altos vuelos
Un helicóptero apoya la colocación de la nueva canalización en las paredes verticales del Sifón del Alba
11 de agosto de 2012
Hace ahora casi tres años, en el mes de diciembre de 2010, la vieja tubería de hierro que salvaba el denominado "Sifón del Alba", a través de la espectacular ladera conocida como la Argayadona, dijo basta. Fueron más de sesenta años aguantando una enorme presión del agua para salvar un desnivel de más de quinientos metros. Es lo que tiene canalizar el líquido elemento desde el entorno de Los Arrudos hasta Gijón. El suministro de la ciudad depende, audemars piguet replica en buena medida, de aquellos manantiales y, ahora, llegó la hora de la renovación de la infraestructura. La cuestión tiene su complejidad. Se trata de trabajar dentro de un parque natural, el de Redes, con desniveles del 115% en las laderas y, además, manejando piezas de un peso cercano a una tonelada. Se hace necesario transportarlas en helicóptero y depositarlas, con suma precisión, en el lugar. Son las obras del citado "sifón del Alba" que comenzaron el pasado mes de mayo al lado mismo de Soto de Agues, en Sobrescobio, y que, de cumplirse los planes de la empresa, permitirán que antes de acabar este año Gijón vuelva a recibir con normalidad el agua procedente de Los Arrudos.

El tajo comienza en el valle del río Alba todos los días con los primeros rayos de luz. No hay tiempo que perder, sobre todo si las condiciones meteorológicas son favorables. Se trabaja en un entorno montañoso y, en determinados sectores, en una situación de máxima dificultad. Lo saben muy bien los responsables de la empresa New Construction, S. L, radicada en Candamo, que se hizo con estos trabajos, sacados a licitación por la Empresa Municipal de Aguas de Gijón (EMA), en competencia con otra treintena de compañías de toda España, con un presupuesto final de adjudicación de 2,2 millones de euros.

Fue la pasada primavera, y empezaba, entonces, un autoimpuesto reto empresarial, como reconoce el director gerente de la empresa asturiana, Manuel Fernández Martínez: tener la instalación terminada y en disposición de estar operativa antes de concluir este año. El plazo es mucho menor que el que impone la adjudicación, pero, a pesar de ello, se trabaja con esos baremos para cubrir hipotéticas eventualidades. Y es que, en ocasiones, los trabajadores que retiran y reponen la tubería, por la situación en la que se encuentran los tajos, se parecen más a expertos montañeros que a operarios de una empresa constructora. Se trata de renovar 2.669 metros de canalización salvando un valle con un considerable desnivel superior a los 500 metros. La consecuencia son paredes casi verticales, en las que es complicado que una persona pueda mantenerse de pie. Además, deben estar preparados para recibir, desde el aire, unas piezas, los nuevos tubos, que tienen unos seis metros de largo cada uno y que pesan casi una tonelada. Recibirlos y, luego, acoplarlos como un enorme puzzle.

Es evidente que se cuenta con la demostrada pericia de los pilotos del helicóptero, especialistas de una empresa radicada en Cataluña y que vienen "ex profeso" para hacer estos trabajos, pero no por ello deja de ser delicado depositar las piezas en tierra en medio de un acantilado y, además, en el lugar exacto para su ensamblaje. De hecho, en cada cambio de piloto, si es que se realiza, el especialista imparte una charla previa a los trabajadores de tierra para darles una serie de consignas sobre su trabajo, sobre la señalización y, también, sobre las medidas de seguridad a adoptar para tratar de evitar contratiempos.

Doble "línea de vida"

Nada se deja a la improvisación. Todo el recorrido de la nueva canalización está jalonado por una denominada "línea de vida", a la que los trabajadores están amarrados doblemente por cuerdas y anclajes. Si hubiera algún indeseado resbalón, esta medida de seguridad preservaría la integridad del operario. En esas condiciones se viene trabajando desde hace casi tres meses. A primera hora, el helicóptero levanta cada tubo en la zona de acopio. Salvando la zona del pueblo de Soto de Agues, también por motivos de seguridad, lo transporta a cada tajo ya preparado (puede llegar a haber cinco operativos de forma simultánea) y lo deposita con sumo mimo. No siempre es sencillo porque, aseguran los técnicos de la empresa, el propio peso de cada pieza hace que, en el aire, rote sobre sí misma.

Luego, desde tierra se tiene preparado el trozo de vieja tubería, que es enganchado también con cuerdas y transportado por el helicóptero al centro de acopio. Ahí se cierra el ciclo. Esta operación, según aseguran los técnicos de la empresa New Construction, puede ser realizada entre 24 y 30 veces en un día favorable y en los tajos más sencillos. En las zonas más verticales, igual el éxito es colocar cinco o seis tubos en el puzzle en un día.

Medidas dentro de Redes

Es necesario tener en cuenta, y así lo hace constar Antonio Fernández, ingeniero jefe de obra, que se trabaja dentro de un parque natural, el de Redes, y que todos los pasos tienen que estar muy medidos. Se trata de no molestar más de lo necesario ni siquiera a los pájaros. No digamos nada de las precauciones en tierra. Cada árbol está controlado. La zanja de la nueva tubería está dibjujada sobre la antigua y los movimientos de tierra tienen que ser minimizados hasta el extremo. Se trata de que, en muchas zonas, la vegetación cubra la nueva tubería en pocos meses, haciéndola invisible. Además, se extreman las medidas para evitar cualquier riesgo de incendio.
Por el momento, los trabajos vienen siendo realizados a plena satisfacción tanto de la empresa encargada como de los técnicos de la Empresa Municipal de Aguas de Gijón (EMA), que llevan toda la supervisión y el seguimiento del operativo. Entretanto, la popular Ruta del Alba está cortada en su primer tramo y se ha habilitado un paso alternativo. Allí es donde se produjo, en la ladera de la Argayadona, el argayu del mes de diciembre de 2010, origen de las actuales labores de renovación parcial de la red. Allí están, todavía, los restos de la reparación parcial que se hizo entonces y que ha servido para mantener operativo el servicio hasta hace cuatro meses.
Ahora, hasta que vuelva a recuperarse, casi todo el agua que se consume en Gijón procede de Cadasa. En condiciones normales, de este consorcio llega el 60% del agua a Gijón. El resto viene un 30% de Los Arrudos (Caso) y Perancho (Nava), y de los sondeos de Llantones y del acuífero de Deva. La empresa EMA, que preside el concejal Fernando Couto, espera normalizar en pocos meses la situación.

Antes, habrá que hacer innumerables pruebas de presión y de estanqueidad y comprobar que todo funciona a satisfacción. Entonces, el "sifón del Alba" estará salvado. Quedan otros dos de similares características hasta llegar a Gijón, pero su renovación será cosa de un próximo futuro.
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